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CONTAGIO EMOCIONAL



Al hablar de lo que significan los gestos y las expresiones no verbales no puedo evitar sorprenderme al pensar en la gran capacidad que tenemos las personas para contagiar nuestras emociones a todos aquellos que nos rodean. ¿Cuántas veces hemos interactuado con una persona enfadada que ha chocado, literalmente, contra nosotros, descargando toda su energía negativa sobre nuestro ser, contagiándonos gran parte de su malestar? O, por el contrario, ¿Cuántas veces hemos hablado con una persona llena de energía positiva y nos ha hecho sentir, justo en ese momento, un poco más felices, más serenos u optimistas?

El notable avance de las neurociencias ha permitido profundizar en una explicación más clara y precisa del contagio emocional o de la comunicación del estado de ánimo y las emociones de una persona a otra, que se encuentra estrechamente ligado al descubrimiento de las neuronas espejo (un tipo de células cerebrales realmente dispersas que actúan como redes inalámbricas, rastreando el flujo neuronal, el movimiento y las interacciones entre las personas). Gracias a estas neuronas se explica el hecho de que dos seres humanos, al interactuar, tengan activadas en el cerebro las mismas áreas.


La teoría del cucharón y el cubo


Cada uno de nosotros posee su propio cubo. El cubo se llena o vacía permanentemente en función de lo que otros nos dicen o nos hacen. Cuando nuestro cubo está lleno, nos sentimos bastante bien; cuando está vacío, fatal.

Cada uno de nosotros dispone también de un cucharón. Cuando empleamos nuestro cucharón para llenar los cubos de los demás -siempre que hacemos o decimos algo que eleve sus emociones positivas- también estamos llenando nuestro propio cubo. Cuando utilizamos nuestro cucharón para vaciar los cubos de los demás -siempre que hacemos o decimos algo que afecte sus emociones positivas- nos vaciamos nosotros mismos.

Igual que las copas llenas a rebosar, un cubo lleno nos proporciona una perspectiva positiva y energías renovadas. Cada gota del cubo nos fortalece y nos refuerza nuestro optimismo.

Sin embargo, un cubo vacío nubla nuestra mirada, disminuye nuestra energía y debilita nuestra voluntad. Por eso, cuando alguien se dedica a vaciar nuestro cubo nos duele.

De esta manera cada día nos encontramos ante una disyuntiva: podemos llenar los cubos de los demás o podemos vaciarlos. Se trata de una elección fundamental, capaz de afectar profundamente nuestras relaciones, nuestra capacidad de trabajo, nuestra salud y nuestra felicidad”.

Cómo cambia la actitud de una persona según los mensajes que recibe. Cuánto más fácil es cosechar amabilidad si uno la siembra. Creo que pocas cosas hay más irresistibles que una sonrisa. Yo lo tengo comprobado. Cuando le sonríes a alguien, casi siempre, recibes una sonrisa. Además, sonreír hace que tu actitud cambie. Cuando voy a dar una platica, a hablar con alguien que me resulta difícil o cuando hago una llamada telefónica me obligo a mí mismo a sonreír. Esa actitud se transmite y la otra persona la capta, aunque no te vea. A veces, incluso sonrío por la calle a quien no conozco, al conductor que me deja pasar , a quien me sujeta una puerta, a los niños con los que me cruzo etc. ¡Quién sabe si esa es la única sonrisa que reciben en el día! Y aunque no lo sea, nunca recibimos demasiadas sonrisas ni demasiadas palabras amables.

Una palabra, una gesto, una sonrisa, un mensaje son gotas que contribuyen a llenar tu cubo y el de los demás ¿A qué esperas para mandar tus gotas?

Teniendo en cuenta este enorme poder de influencia que tenemos sobre todas las personas que se encuentran en nuestro entorno y recordando la “teoría del cucharón y el cubo” te digo

Has un alto en el camino para contagiar de :

fuerza alegría y optimismo a todos aquellos que nos rodean….

Abraham Lozano López


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